La educación en México después de la inteligencia artificial
Ya no basta con enseñar a los niños a buscar información
Durante muchos años, una tarea escolar típica en México podía decir:
"Investiga qué es el sistema solar."
El alumno llegaba a casa, abría una enciclopedia o buscaba información en internet, encontraba una definición, la copiaba en su cuaderno y al día siguiente entregaba su tarea.
Hoy ocurre algo todavía más revelador.
El niño llega a casa con la instrucción de "investigar". Su mamá se sienta a su lado, abre Google, escribe la pregunta, encuentra la respuesta y ayuda al niño a copiarla.
¿Quién investigó realmente?
¿El niño?
¿La mamá?
¿Google?
Y ahora debemos agregar otra posibilidad:
¿La inteligencia artificial?
Este pequeño ejemplo muestra uno de los grandes desafíos que enfrenta actualmente la educación.
La tecnología cambió, pero muchas de nuestras actividades escolares siguen diseñadas para un mundo en el que obtener información era difícil.
Ese mundo ya no existe.
El problema no es que los niños utilicen inteligencia artificial
Prohibir la inteligencia artificial no resolverá el problema.
Google tampoco fue el problema.
Las calculadoras tampoco lo fueron.
Los libros tampoco.
El problema aparece cuando confundimos obtener una respuesta con aprender.
Un niño puede recibir en segundos una explicación perfectamente escrita sobre la Revolución Mexicana, los ecosistemas, las fracciones o el sistema solar.
Puede incluso pedirle a una inteligencia artificial:
"Explícamelo como si tuviera diez años."
Y probablemente obtendrá una respuesta comprensible.
Pero recibir una explicación no demuestra que haya aprendido.
La pregunta educativa ahora debe ser diferente:
¿Qué puede hacer el alumno con esa información?
¿Puede explicarla con sus propias palabras?
¿Puede distinguir una respuesta correcta de una incorrecta?
¿Puede hacer preguntas sobre ella?
¿Puede relacionarla con algo que observa en su comunidad?
¿Puede encontrar contradicciones?
¿Puede comprobar las fuentes?
¿Puede utilizar lo aprendido para resolver un problema?
¿Puede crear algo nuevo a partir de ello?
Ahí comienza la educación que necesitamos en la era de la inteligencia artificial.
De "investiga esto" a "piensa sobre esto"
La tarea escolar necesita evolucionar.
En lugar de pedir únicamente:
"Investiga tres causas de la contaminación."
podemos pedir:
"Pregunta a una herramienta de inteligencia artificial cuáles considera las principales causas de contaminación en tu comunidad.
Después observa tu colonia o comunidad.
Identifica cuáles de esas causas realmente puedes encontrar.
Busca una segunda fuente.
Señala algo en lo que las fuentes coincidan y algo que necesites verificar.
Finalmente, propón una solución que podría realizar tu escuela."
La inteligencia artificial participó.
Pero no realizó el aprendizaje por el alumno.
El estudiante tuvo que observar, contrastar, comprobar, pensar, decidir y proponer.
Esa diferencia es enorme.
La escuela ya no puede competir con una máquina que entrega respuestas
No tendría sentido hacerlo.
Una inteligencia artificial puede producir determinadas respuestas en segundos.
Por eso la función del maestro se vuelve, en muchos sentidos, más importante.
El maestro deja de ser solamente quien proporciona información y se convierte también en quien diseña experiencias para que el alumno aprenda a pensar con la información.
Eso requiere enseñar habilidades como:
- formular buenas preguntas;
- analizar información;
- identificar errores;
- distinguir hechos de opiniones;
- verificar fuentes;
- argumentar;
- resolver problemas;
- colaborar;
- comunicar ideas;
- crear;
- reflexionar sobre las consecuencias de una decisión;
- utilizar tecnología de manera responsable.
La educación no debería intentar producir alumnos que compitan con una computadora memorizando información.
Debería formar personas capaces de utilizar herramientas poderosas sin entregarles su pensamiento.
También debemos cambiar la tarea
Existe otra pregunta incómoda.
Si una tarea puede ser realizada completamente por Google, por una madre o padre, o por una inteligencia artificial, ¿qué estamos evaluando realmente cuando calificamos el resultado?
Tal vez no necesitamos mejores mecanismos para descubrir quién utilizó IA.
Tal vez necesitamos mejores tareas.
Por ejemplo, en lugar de:
"Investiga los animales de tu región."
podríamos pedir:
"Selecciona un animal de tu región.
Pregunta a una IA cinco datos sobre él.
Elige dos que te parezcan sorprendentes.
Comprueba esos dos datos utilizando otra fuente.
Explica cuál fuente consideras más confiable y por qué.
Después crea una pregunta que la información encontrada todavía no responda."
Ahora copiar una respuesta ya no resuelve la actividad.
El alumno necesita pensar.
¿Y qué pasa con los niños pequeños?
No significa poner una inteligencia artificial frente a cada niño durante todo el día.
Precisamente lo contrario.
Los niños continúan necesitando leer, escribir, calcular, jugar, experimentar, conversar, dibujar, construir, observar la naturaleza, convivir con otros niños y aprender de adultos.
Necesitan desarrollar conocimientos fundamentales.
Sin conocimientos propios tampoco existe un buen pensamiento crítico: es difícil juzgar una respuesta sobre algo que no comprendemos.
Por eso la llegada de la inteligencia artificial no elimina los aprendizajes básicos.
Los vuelve todavía más importantes.
Pero ahora necesitamos agregar otra alfabetización:
aprender a convivir con sistemas que pueden generar información.
El niño debe aprender que una respuesta bien escrita no necesariamente es verdadera.
Debe aprender a preguntar:
¿Cómo lo sabes?
¿De dónde salió esta información?
¿Puedo comprobarla?
¿Existe otra explicación?
¿Qué evidencia tenemos?
La inteligencia artificial también cambia el papel de las familias
Regresemos a la mamá sentada frente a Google haciendo la búsqueda por su hijo.
Probablemente quiere ayudar.
Pero existe una diferencia entre ayudar a un niño a pensar y pensar por él.
Una familia puede cambiar:
"Yo te busco la respuesta"
por:
"¿Qué necesitas averiguar?"
"¿Qué palabras podrías buscar?"
"¿Qué entendiste?"
"¿Cómo sabes que esa información es correcta?"
"Explícamelo tú ahora."
Y con inteligencia artificial:
"Pregúntale tú."
"¿Entendiste lo que respondió?"
"¿Hay algo que no te convenza?"
"¿Cómo podríamos comprobarlo?"
La tecnología puede entonces convertirse en una herramienta de conversación y aprendizaje, en lugar de una máquina para terminar tareas.
México no necesita simplemente introducir más tecnología en las escuelas
Una escuela puede tener computadoras, internet, tabletas e inteligencia artificial y continuar utilizando un modelo educativo diseñado alrededor de copiar, memorizar y repetir.
Eso sería digitalizar prácticas antiguas.
La verdadera transformación es pedagógica.
México necesita preguntarse:
¿Qué debe saber y saber hacer un niño que crecerá rodeado de inteligencia artificial?
La respuesta no puede limitarse a "saber utilizar IA".
Necesitamos niños capaces de utilizarla sin depender de ella.
Niños que puedan pensar antes de preguntar.
Que puedan cuestionar una respuesta.
Que sepan cuándo necesitan evidencia.
Que reconozcan cuando no saben algo.
Que puedan cambiar de opinión ante mejores argumentos.
Que puedan imaginar.
Que puedan colaborar.
Que puedan crear.
Y, sobre todo, que comprendan que una herramienta puede ayudarlos a pensar, pero no debe decidir por ellos qué pensar.
Del consumidor de respuestas al constructor de conocimiento
Quizá ésta sea una de las transformaciones educativas más importantes de nuestra época.
Antes preguntábamos:
¿Encontraste la respuesta?
Ahora tendremos que preguntar:
¿Qué hiciste con ella?
La inteligencia artificial puede generar respuestas.
La educación debe desarrollar algo mucho más difícil de automatizar:
personas capaces de preguntar, comprender, verificar, relacionar, decidir, crear y actuar responsablemente.
El futuro de la educación mexicana no consiste en elegir entre maestros o inteligencia artificial.
Tampoco entre libros o tecnología.
Consiste en definir qué parte del aprendizaje debe seguir realizando el ser humano precisamente porque hacerlo es lo que desarrolla sus capacidades.
Una buena escuela del futuro no será aquella donde los niños nunca utilicen inteligencia artificial.
Será aquella donde un niño pueda utilizarla y, aun teniendo una respuesta perfecta frente a sus ojos, sea capaz de decir:
"Ahora necesito comprobarla, entenderla y formar mi propia conclusión."
Ese es el cambio.
Y quizá ahí deba comenzar la educación para un mundo con inteligencia artificial.
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